miércoles, 18 de septiembre de 2013

¿Por dónde empiezo?

Lo primero, para hacer más fácil mi redacción aclarar: usaré masculino o femenino genéricos indiscriminadamente, aunque sé que predominará el primero por la cimple "costumbre".
Espero que quien lo lea pueda tolerar esta falta hacia lo políticamente correcto y, si sufre por ello, apelaré a su comprensión, a esa "tolerancia" con la que seguro llena su boca.
...Y si sigue sufriendo mi sugerencia: busca otro hobby.

Una vez salvado este obstáculo, al menos por mi parte, y habiendo podido molestar a la mitad de la parroquia, continúo.

En cafeterías, parques, descansos laborales, cenas con amigos... Todos hemos querido "arreglar España" y, es más, tenemos la fórmula para ello. Y eso es genial, porque tantas cabezas pensantes y recetas creadas, sólo pueden contribuir a dar solución a cualquier problema. Y si nos escuchamos unos a otros, aportando y no imponiendo nuestra opinión más visceral, será cuando esas conversaciones creen algo interesante.

"Yo haría que toda la Sanidad fuese pública y sufragada por el Estado y el material escolar gratuito, y las autopistas sin peajes..."; "Pues yo creo que una República solucionaría los problemas porque la Corona no tiene valor..."; "Y el Ejército sobra..."; "Y la Iglesia no aporta..."; etc.., son comentarios que hemos oído en numerosas ocasiones. Hay opiniones para todos los gustos. Pero si lo piensas no son siquiera una receta.

No nos perdamos. Hay que decidir por dónde empezamos a modificar y no vender los resultados.
Realmente es muchísimo el trabajo que hay pendiente y, aunque pensar en el resultado es motivador, el propio trabajo debe ser el motor de este proceso de cambio.

España está sumida en una profunda crisis porque supera el nivel económico. El pozo en el que nos hayamos sumergidos va más allá de lo laboral, del consumo, de lo sanitario, de los "recortes"... Se trata de una crisis de valores donde nosotros, y sobretodo nuestros gobernantes, no estamos a la altura de las circunstancias.

Si en una época de incertidumbre empeorada por el relevo generacional que hemos creado, desprovisto de ganas, no tenemos un referente que nos sirva de modelo, un líder cuya exigencia se pueda entender como camino de mejora, la desconfianza y la desesperación se convierten en nuestras compañeras. Y todo el mundo sabe que son malas compañeras.

"Tendremos que esforzarnos mucho para salir de este bache", dicho por un profesor en el que confías, por un entrenador del que acatas las órdenes, en definitiva por alguien que es capaz de hacerte seguirle, es mucho más llevadero y realmente te da energía. Y ESO NO EXISTE HOY EN ESPAÑA.


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